Diógenes
en el siglo XXV en Internet en una pasada rápida: Los datos se recogen de
noticias en periódicos y otros enlaces de historia de la filosofía, psiquiatría,
organismos sociales y libro de
dermatología-psiquiatría y no se puede aportar más datos de cursos, archivos y
otras fuentes de distintos buscadores por impericia.
Opinión: Desde el faro de Alejandría
Lic. Luis Antonio Vásquez Jaramillo

El filósofo griego Diógenes nació en la ciudad de Sínope, la cual se encuentra
ubicada en la actual Turquía, en el año 412 a.C. Su formación académica y
cultural la recibió en Atenas, en donde fue discípulo del filósofo Antístenes,
quien sentía desprecio por las convenciones y reglas sociales y renunciaba de
manera estoica a los placeres mundanos. Al igual que su maestro, Diógenes llevó
una vida de austeridad y mortificación. Se vestía con ropas ordinarias y
sencillas, al igual que su alimentación. Usualmente pernoctaba en las calles de
Atenas, toda vez que consideraba que la virtud es la base de la filosofía del
ser humano. Por ello despreció a los políticos y oradores de su época, quienes
se esforzaban por comprender y transmitir la aspiración máxima de hacer valer
la verdad; sin embargo, no les importaba su puesta en práctica.
En atención a su lugar de nacimiento, se le conoce, para la posteridad, con el
nombre de Diógenes de Sínope y según, una historia popular, se cuenta que en
una ocasión Diógenes caminaba por las calles de Atenas a la luz del día
llevando consigo una lámpara encendida en su búsqueda de un hombre honesto. Y
en ese caminar, se cuenta, igualmente, que en una ocasión se topó con Alejandro
El Magno, quien en a su paso le espetó: “Yo soy Alejandro Magno”; y el filósofo
le contestó: “Y yo, soy Diógenes, el cínico”. Impresionado por la respuesta del
filósofo, Alejandro Magno le inquirió; ¿“Qué puedo hacer por ti?”; a lo que el
filósofo replicó: “Te agradecería que te apartaras de mi camino para que no me
quites la luz del sol”. Ante esta nueva respuesta, Alejandro Magno optó por
marcharse, diciéndose a sí mismo “Si yo no fuera Alejandro, El Grande, me
gustaría ser Diógenes El Cínico”. Según la historiografía, Diógenes murió en el
año 323 a.C., en la ciudad de Corinto, al parecer el mismo día en que falleció
Alejandro Magno.
A Diógenes de Sínope se le considera, en los términos de filosofía pura, como
el padre del cinismo, en atención a su sabiduría práctica, la cual no se basaba
en ningún sistema filosófico definido. Su sabiduría se refleja en la respuesta
que le dio Diógenes al filósofo
Aristipo quien vivía
confortablemente a base de sus adulaciones permanentes y sistemáticas al rey y
que le dijo a Diógenes que si hubiese aprendido a ser sumiso, no tendría
necesidad de comer lentejas. Y Diógenes le contestó, a su vez, que si
Aristipo hubiera aprendido a comer lentejas no hubiera
tenido necesidad de adular al rey.
En los tiempos que corren en nuestro país se ha desarrollado una especie
genérica de aduladores al mandatario de turno. Así, es usual ver a servidores
públicos enquistados en el gobierno actual, cuando ayer servían a los
adversarios políticos y denostaban, sin solución de continuidad, a los que hoy
gobiernan. La demagogia, entendida como el arte de la adulación, ha florecido
en la sociedad panameña, con el impacto de ir consolidándose cada vez más, para
limitar y reducir el camino de unos pocos Diógenes que aún existen en nuestro
país, para quienes, como el que esto escribe, importan más las satisfacciones
que se alcanzan y obtienen con el esfuerzo propio que a través del concurso de
halagar al rey de turno para mejorar en la escala
societal.
De ahí que ante el llamado que hemos venido haciendo de aspirar a una “sociedad
más humana”, el pedido que le hacemos a Dios sea que todas aquellas lámparas de
Diógenes, que aún alumbran, se convoquen al unísono al clamor de
reivindicaciones sociales que hace este sufrido pueblo panameño.
SÍNDROME DE DIÓGENES
CONCEPTO
Se
trata de una conducta de aislamiento comunicacional, ruptura de las relaciones
sociales, negligencia de las necesidades de higiene, alimentación o salud,
reclusión domiciliaria, rechazo de las ayudas y negación de la situación
patológica, que se presenta habitualmente en ancianos solitarios.
Las
primeras descripciones y su sistematización clínica se deben a los trabajos de MacMillan & Shaw (1966) (4) y
Clark et at. (1975) (1). Basándose en ellos y en diversos trabajos posteriores
de De La Gándara et al. (1992, 1994), han establecido las características
clínicas del síndrome, que permiten diferenciarlo de los estados depresivos,
demencias u otros estados psicopatológicos (2, 3).
La
denominación se debe a Clark et al. (1975) y se basa en el estilo de vida
misantrópico y solitario del conocido filósofo griego (1).
ETIOPATOGENIA
Se
trata de un síndrome específico que se produce en ancianos, como consecuencia
de la interrelación de tres tipos de factores:
Diferentes rasgos de personalidad previos, que implican tendencia al
aislamiento, dificultades de adaptación social, rechazo de las relaciones
humanas, misantropía, etc.
Factores estresantes propios de la edad tardía: dificultades económicas, muerte
de familiares, rechazo familiar, marginación social, etc.
Soledad: inicialmente condicionada por las circunstancias, pero posteriormente
buscada o deseada voluntariamente.
Se
puede aceptar que existen dos tipos de síndrome de Diógenes:
Personas sin otra patología psiquiátrica específica (Eje I).
Pacientes psiquiátricos crónicos: depresivos, delirantes o demenciados
que presentan además conductas típicas de Diógenes.
EPIDEMIOLOGIA
Según
estimaciones realizadas por De La Gándara (1994) (3), un 1.7 por/mil de los
ingresos en hospitales en España de mayores de 65 años son por Síndrome de
Diógenes, lo que supone unos 1.200 nuevos ingresos año. Según otros análisis,
en España un 3 % de las personas mayores de 65 años tienen "Riesgo de
Diógenes", la "prevalencia probable"
es del 0.5%, y la "incidencia anual" podría estimarse en unos 3.200
casos nuevos.
COMPLICACIONES
La
principal complicación es la muerte en soledad en sus domicilios. Por otra
parte, más del 40 % de los Síndromes de Diógenes sufren patología somática
severa, y mueren a pesar de ser ingresados en hospitales. Todos presentan grave
abandono higiénico y estados carenciales, que implican la presencia de
malnutrición, anemia, etc.
DIAGNOSTICO
Podemos
aceptar cinco criterios o rasgos de conducta característicos, que permiten
hacer el diagnóstico. La presencia de "1" ó "2" criterios
sugiere la existencia de riesgo de Síndrome de Diógenes, mientras que una
puntuación de "4" ó "5" la alcanzan los casos más graves,
con elevado riesgo de enfermedad y muerte en soledad. Dichos criterios son:
Aislamiento comunicacional y relacional, con rechazo de las posibilidades de
comunicación.
Reclusión domiciliaria voluntaria, con oposición a ser sacados de sus
domicilios.
Negligencia de cuidados sanitarios y de la higiene propia y del hogar (silogomanía: acumulación de basura).
Conducta de "pobreza imaginaria": acumulación de dinero en casa o
bancos, en cantidades elevadas, asociado a creencia de pobreza extrema, a veces
delirante, y no utilización para las necesidades básicas.
Rechazo de las ayudas familiares o sociales, e intento de regresar a su estilo
de vida, cuando son dados de alta, o se descuida su cuidado.
TRATAMIENTO
El
tratamiento debe empezar por la detección de los casos de riesgo, el ingreso en
un Hospital General o Unidad de Geriatría, y abordaje de los trastornos
médicos. Se deben adoptar las medidas de protección social pertinentes,
evitando el regreso del enfermo a sus condiciones previas de vida. En algunos
casos es preciso tratar la patología psiquiátrica asociada (depresión, delirios
crónicos). Si no es posible asegurar la convivencia o ubicar al paciente en una
institución social, es preciso hacer un seguimiento crónico, visitas
domiciliarias, y trabajo coordinado de los servicios sanitarios (médico,
enfermera) y sociales (trabajador social).
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cleanliness". Brt. Med. J., 2: 1032- 1037. 1966
ANCIANOS, SOLEDAD Y ANIMALES DE
COMPAÑÍA
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Un reciente artículo del profesor Abilio Reig de catedrático de
Psicología de la Universidad de Alicante, nos ofrece un inteligente estudio
sobre la soledad en personas ancianas. Desde las primeras líneas queda claro
que la soledad no es lo mismo que aislamiento social: "Sentirse solo es
una vivencia personal, indeseable y dolorosa fruto de la discrepancia entre
lo que uno desea o espera y lo que tiene de hecho". Por aislamiento
social se entiende vivir solo, aislado y sin comunicación. Una manifestación
extrema del mismo es el llamado "Síndrome de Diógenes" "...
caracterizado por aislamiento voluntario, inobservancia de las normas sociales
convencionales de convivencia, de higiene, de cuidado del hogar o del
vestido, ruptura de las relaciones sociales, actitudes de indiferencia o de
hostilidad hacia el entorno, carencia del sentido del ridículo y descuido
personal absoluto". Pero existe una soledad buscada y deseada que se
relaciona positivamente con bienestar y satisfacción y que está relacionada
con una personalidad sana y madura. En estas personas el bienestar y el
contacto social se relacionan negativamente: expresan mayor bienestar cuando
menores son sus contactos sociales, y viceversa.
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Generalmente asociamos la soledad a la
vejez, y la juventud con múltiples relaciones y compañías, pero esto no es
totalmente exacto. Entre los datos que nos ofrece el profesor Reig nos sorprende la paradoja de que mientras el 90% de
la población piensa que la soledad es un problema para las personas mayores,
sólo el 32% de la gente mayor lo refiere como un problema personal, y,
únicamente, para un 10% de ancianos, supone un problema grave para su salud o
para su calidad de vida. Sin embargo, en contra de la opinión popular, lo que
muestran los estudios es que la vivencia de soledad es más frecuente entre
los jóvenes que entre los mayores. Son los adultos más jóvenes quienes desean
más contactos sociales.
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Existe, sin embargo un desencuentro entre
generaciones: los jóvenes se sienten solos porque no tienen lo que desean o
esperan y, en general, prefieren la compañía de sus coetáneos, no la de los
ancianos. Y los ancianos que están solos siguen solos, rechazados y
marginados socialmente, en una sociedad que de forma casi irracional exalta
los valores juveniles. Parece que ambas soledades siguen rutas diferentes,
sin posibilidad de conexión entre ellas. No obstante, a pesar de que les
pueda parecer algo muy lejano, el envejecimiento es algo que debe importar a
los jóvenes. De seguir las cosas como están, en el año 2050 el número de
ancianos crecerá a razón de 21 millones por año en el mundo (ahora lo hace a
razón de 9 millones/año). La clave de su relevancia para la juventud, es que
quienes ahora tienen entre 15 y 24 años, serán los ancianos del siglo XXI.
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Los animales de compañía son un excelente
antídoto contra la soledad no deseada llenando el vacío que las personas
somos incapaces de ocupar, cumpliendo así - una vez más- un rol terapéutico
en las carencias afectivas. Son una fuente generosa de beneficios psicosociales para las personas aisladas. Así como una
inestimable fuente de bienestar y satisfacción para los solitarios sanos y
maduros. ¿Cómo calificaríamos a una persona que fuera capaz de ofrecernos
todo esto, y qué precio tendríamos que pagar por sus servicios? Con todo, aún
podemos aprender una hermosa lección de los animales: no tienen prejuicios
por razón de la edad (me refiero a la edad de las personas con quienes
conviven). ¿Qué hacemos nosotros con ellos cuando envejecen?
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Con estos argumentos y reflexiones
intento tender puentes entre generaciones y entre especies, abonar el terreno
para que brote vigorosa la sensibilidad inteligente, y animar a la acción.
¿Cómo? Yo me limito a dar una pista: la afición a los animales puede ser un
excelente punto de encuentro entre generaciones. Lo demás depende de vuestra
disposición, de vuestras circunstancias, de vuestra creatividad...
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Agustín Caruana
Vañó
Miembro
de:
Pro
Dignidad Humana
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Artículo publicado en la revista:
Club de Amigos de los Animales nº 2, abril,
mayo, junio de 1999, pág 5.
c/ José Perseguer,
14 - 03610 PETRER. Alicante.
Tel / Fax. 96.695.00.42;
PUNTO DE VISTA
MUERTE EN SOLEDAD,
MUERTE EN ABANDONO
La muerte de ancianos en la
soledad ha sido noticia especial este verano, aunque desgraciadamente es un
hecho recurrente y en aumento progresivo. CEOMA ya ha publicado alguna
nota sobre este tema, pero ante el carácter dramático del mismo queremos hacer
también unos comentarios:
1.- Hay que distinguir entre
la muerte en soledad y la muerte en abandono. La muerte en
soledad irremediablemente irá en aumento, no importa las medidas que se quieran
imponer para evitarla. En realidad se muere siempre solo, aunque se muera
rodeado de los cercanos, pues la muerte es un acto radicalmente personal e
intransferible. Si en estos momentos en nuestro país viven solos
aproximadamente el 16 % de personas mayores, es decir alrededor de un millón de
personas, y esta cifra va en aumento acercándose a la de otros países de
nuestro entorno, cada vez más mayores morirán sólos,
pues lógicamente se muere donde y como se vive. Esta muerte en soledad
puede ocurrir, de hecho, incluso en mayores que viven bien cuidados en las
instituciones o en el seno de su propia familia.
Lo terrible es que nadie, ni
familia, ni vecinos, ni las redes formales se enteren del deterioro
irreversible de una persona y de su muerte hasta días, semanas... después de su
fallecimiento. Eso es abandono, culpable en muchos casos por parte de los más
cercanos, por parte de la sociedad en general y de las Administraciones
Públicas que, a través de las redes asistenciales a domilicilio,
debe tener perfectamente localizados y con un protocolo de actuación de
riguroso respeto a los derechos humanos y a la intimidad, a los mayores que
viven solos y especialmente los casos de riesgo. Entre éstos, los que se
encuentran en situaciones de franco deterioro físico o psíquico, los que se
niegan a ser “controlados”, los que sufren el síndrome de autorreclusión, el
“síndrome de Diógenes”...
2.- Es una buena noticia
que el Defensor del Pueblo entre a estudiar este fenómeno de la
muerte en soledad, pero aunque esta sea más frecuente en grandes
ciudades, no entendemos que se limite el estudio de los casos a
Madrid y no a toda España o a las grandes ciudades. Algunos ya han visto en
ello elementos electoralistas.
3.- Propugnamos la Acreditación
externa de las Redes de Atención Domiciliaria, Residencias, Centros
de día, etc., para asegurar la calidad del funcionamiento de los mismos y, como
venimos insistiendo en todos los foros, la aprobación urgente de la Ley
de Dependencia a nivel del Estado y dentro de la Seguridad Social.
Madrid, 9 de Septiembre de
2002
Copyright
© 2002 Confederación Española de Organizaciones de Mayores
c/ Pío Baroja S/N; Edificio Cantabria
28009 MADRID
Tel.: (34) 91 573 52 62 ;
Fax: (34) 91 573 79 28
Correo electrónico:
ceoma@ceoma.org
¿EXISTE EL SINDROME DE
DIOGENES?
Vivir
en la suciedad y el desorden puede indicar la presencia de una patología
psiquiátrica grave.
Londres,
Reino Unido
Las personas que viven inmersas en el desorden y la suciedad tienen a menudo
trastornos físicos o psicológicos que conducen al abandono de la propia
higiene. Sin embargo, no pueden encuadrarse dentro de un único síndrome, como
se había propuesto.
[The Lancet, 355:882-886, Mar 2000 - SIIC]
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Título del documento
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Año pub.
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Aging, neuropsychology, and cognition
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1999
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Siso/saude
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1997
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Trabajo
social. Política social
|
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1995
|
Revista
española de geriatría y gerontología
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|
1994
|
Informaciones
psiquiátricas
|
|
1994
|
Geriátrika
|
|
1992
|
Anales
de psiquiatría
|
|
1992
|
Revista
de gerontología
|
|
1991
|
Todo
hospital
|
|
1987
|
Actas
dermo-sifiliográficas
|
|
1976
|
Revista
española de gerontología
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1975
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(EUROPA PRESS, por Esther Nguema del Monte)
Aislamiento voluntario, descuido personal absoluto,
indiferencia u hostilidad hacia el entorno... estos son algunos de los
síntomas del síndrome de Diógenes. José es un vecino de Vicálvaro
que padece la enfermedad. Tras la puerta de su casa esconde una montaña de
basura. El anciano vive sin luz y agua en un local que antaño utilizaba
como taller de carpintería. Un amasijo de hierros, cartones y objetos de
todo tipo convierten su hogar en un laberinto de desperdicios.
Para Abilio Reig,
catedrático de Psicología de la Universidad de Alicante, esta patología es
una "una manifestación extrema de la soledad". La psicóloga
Mercedes Álvarez del Pozo precisa que "generalmente proceden de una
familia desestructurada o mantienen malas relaciones con sus parientes más
cercanos".
En el caso de José, su relación con la familia es nula. Este
viudo tiene dos hijas, pero los vecinos dicen que no quieren saber nada de
su padre. El anciano reconoce que "antes gastaba mucho dinero jugando
a las tragaperras".
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Reciclar.... Reusar...... pero no tanto. La “cueva”
de Antonio “El rata”
20 de marzo de 2001
Un anciano acumuló 140 toneladas de basura durante casi 40 años en una casa
de San Sebastián de los Reyes (España)
ROSA M. TRISTAN
SAN SEBASTIAN DE LOS REYES.- Una decena de pilas de cocina, un coche Gordini de los años 60, 200 paraguas, sillas, piscinas
infantiles, hierros retorcidos, un motocarro... Hasta 140 toneladas de residuos
y desperdicios de todo tipo llegó a acumular Antonio El rata, durante casi 40
años, en una casa de su propiedad, en San Sebastián de los Reyes.
El pasado 28 de febrero, tras años de denuncias de los
vecinos aledaños, un juez autorizó al Ayuntamiento a entrar en el recinto y,
durante 15 días, de los 270 metros cuadrados que tiene de superficie, por los
tres que hay de altura, salieron, a rebosar, una treintena de camiones. En
total, 810 metros cúbicos de desperdicios, entre los que Antonio se había hecho
un pequeño habitáculo para vivir.
Los psicólogos ya le han puesto nombre a esta conducta
patológica, que incita a acumular porquería, y la llaman síndrome de Diógenes.
[PDF]CAP.08-DERM Y PSIC
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... SÍNDROME DE LA MISERIA SENIL O SÍNDROME DE DIÓGENES
2, 4 En 1975 fue descrito
un grupo de pacientes ancianos 2 a quienes se les atribuyó el nombre de ...
www.schering.es/Libros/dermatologia_y_psiquiatria/
pdf/capitulo_08.pdf -
Páginas similares
SÍNDROME DE LA MISERIA SENIL
O SÍNDROME DE DIÓGENES
En
1975 fue descrito un grupo de pacientes ancianos a quienes se les atribuyó el nombre
de síndrome de Diógenes, debido a que se caracterizaban por su carácter
recluido, su existencia solitaria, su descuido personal y su necesidad
compulsiva de acumular cosas. Más tarde fue denominado "síndrome de la
miseria senil". En la actualidad existen discrepancias sobre los
componentes del trastorno psicológico y la afección psiquiátrica que subyace a
la psicopatología que conduce al aislamiento personal. Tales pacientes viven en
medio de una suciedad absoluta y amontonan todo lo que van acumulando en
grandes montones, sin preocuparse de orden ni de higiene algunos; lo acumulado
y amontonado suele incluir, asi mismo, restos personales . No resulta extraño, por tanto, que incluya
cabellos, uñas cortadas, secreciones nasales o auriculares secas e, incluso,
deyecciones. Estos pacientes pueden visitar al dermatólogo para que les cure
una "erupción", que consiste principalmente en acumulaciones de
queratina en las manos, cara, cuero cabelludo y superficies de flexión. Es
característica la aparente paradoja entre el comportamiento acumulador y la
ausencia absoluta de higiene.
Los
tres pacientes que he visto de esta categoría eran hombres y me fueron enviados
con lesiones costrosas del cuero cabelludo y la cara, descritas por el médico general
como una forma de psoriasis. Es de notar que los tres
eran solteros, sólo tenían familiares lejanos y sus únicos contactos sociales
eran una salida semanal para hacer las compras y otra para cobrar su pensión de
retiro. Todos ellos iban bien vestidos, eran amables y no mostraban una clara
alteración en el trato social, pero parecían ignorar su absoluta falta de
higiene y de cuidado corporal personal. Mostrabanun
enorme desinterés por las preguntas relativas a la enorme costra de queratina.
La terapia dermatológica estándar para eliminar las costras fue eficaz en
cuestión de dos días y el seguimiento mostró, como era de esperar, que el
problema volvía a su estado inicial a los dos meses. En ninguno de los tres
casos existía una clara depresión, pero sí evidencia de ideas paranoides, sobre todo cuando se les preguntaba por su
comportamiento acumulador.
NEGACIÓN DE LA ENFERMEDAD
11
La
negación significa que algo no existe, ya sea en uno mismo o en los demás.Suele ser un acto consciente y se utiliza con una
finalidad. Puede ser utilizado de forma inapropiada en caso de que exista una
creencia errónea sobre circunstancias que podrían ser, según cree el paciente,
muy dañinas. El significado psicológico de la negación incluye el rechazo
inconsciente de algunos aspectos de la realidad, ya que la aceptación de tales
hechos reales podría causar más ansiedad o estrés del que se podría soportar.
Así, por ejemplo, entre los ancianos con una enfermedad dermatológica los hay
que sufren una amplia afectación del área corporal y no por eso consultan con
su médico, ya que viven en la arcaica creencia de que toda enfermedad cutánea
se debe a la falta de higiene, al descuido y a la infección. A pesar de los avances
de la medicina moderna y de la comunicación, los estudios siguen mostrando que
tales creencias a propósito de las enfermedades de la piel siguen siendo dominantes
y son un importante factor de culpabilidad. Estos pacientes ancianos acumulan
la vergüenza y el retraimiento e, incluso, cuando la extensión de la enfermedad
llega a ser muy evidente, se niegan a visitar a sus médicos y mucho menos a confirmar
sus temores sobre la enfermedad que padecen. Se trata de una importante razón
que da lugar, en general, al diagnóstico tardío de la enfermedad cutánea
inflamatoria, así como del cáncer de piel.
El
diagnóstico tardío del cáncer de piel, con desfiguración y destrucción de estructuras
vitales, que incluyen los ojos, las orejas, la nariz y los genitales, está bien
documentado y se suele dar en los ancianos. Mientras que en los grupos más jóvenes
esta negación de la enfermedad suele formar parte de un trastorno psiquiátrico
del pensamiento, en los ancianos puede que haya razones más básicas para
negarse a reconocer el problema. Sólo el hecho de pensar en las exploraciones y
en el tratamiento puede inhibir a la vieja solterona que tiene lesiones en
torno a los pechos o a los genitales. Las razones más frecuentes que suelen dar
tanto hombres como mujeres que van tarde al médico con enormes cánceres de la
piel son, en primer lugar, la vergüenza asociada a la desfiguración y el
penetrante olor asociado con tales lesiones. Además, existe una negación
inconsciente de la presencia de lesiones como algo grave por el miedo a la
terapia anticancerosa. Existen creencias rígidamente estructuradas de que la terapia
contra el cáncer es dolorosa, exige muchas hospitalizaciones, suele fracasar y,
en muchas ocasiones, acelera una muerte inevitable. En cuanto al cáncer de
piel, estos pacientes asumen que padecen una enfermedad terminal, y la
aparición de la negación en la enfermedad terminal es algo universal y, hasta
cierto punto, normal.
Para
enfocar estos problemas, Manis ha sugerido que es preciso ocuparse de tres puntos
esenciales. En primer lugar, de la creencia de que se corren graves riesgos hágase
lo que se haga; en segundo, de la creencia de que es más realista ser optimista
para que todo vaya bien en vez de adoptar una actitud de decaimiento y, en
tercero, de la creencia de que hay tiempo de sobra para hacer algún día lo
necesario con vistas a encontrar una solución y curarse. Estos tres puntos se
aplican también a aquellos que niegan la presencia de una enfermedad cutánea
generalizada y, por tanto, siguen mal el tratamiento. En esta circunstancia es
muy útil el tratamiento hospitalario, que cuenta con el apoyo de un grupo, ya
que éste permite ofrecer una información adecuada y corregir las falsas
apreciaciones. Esto último es muy importante, ya que el anciano puede haber
desarrollado un sistema de conceptos equivocados a causa de una mala
información, o bien, puede haber interpretado mal la información que se le dio,
o bien, puede haber dado demasiado crédito a la opinión de la calle, o bien, en
su estado de negación, puede haber rechazado cualquier consejo, ya sea de
manera consciente o inconsciente.
Nunca
es poca la información que se les da a los pacientes sobre una enfermedad.
Dicha información ha de completarse haciendo un especial hincapié en lo que el paciente puede hacer por sí
mismo. Los grupos de ayuda y los cuidados comunitarios son de un valor incalculable.
Siempre es un error el subestimar la capacidad de las personas de edad para
planear su propia estrategia de aceptación una vez que se ha establecido un
diálogo y que el ambiente de aislamiento social ha dejado de existir.
El tratamiento de la negativa psicótica puede ser muy difícil. En el trastorno depresivo
grave, el paciente puede rechazar la idea de que padece una enfermedad o de que
merece que lo traten. La enfermedad depresiva en los ancianos puede, a menudo,
ser atípica y, por eso mismo, permanecer sin tratar, y es preciso saber
descubrir no sólo la apatía y el retraimiento en tanto que síntomas de la
depresión, sino también la agresión y la irritabilidad.
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